viernes, 29 de enero de 2010

Resaca


Nunca me he parado a preguntarme quién soy y por qué. La verdad es que tengo miedo. Quiero decir, temo que llegue el día en que sienta que ya es hora de decidir quién soy y por qué. Por ejemplo, ¿qué importancia tiene en todo ello mi familia?, ¿de dónde es mi familia?, ¿de dónde soy yo? ¿Quién soy? No lo sé. No sé qué porcentaje de todo esto es contigente y qué es relevante. ¿Lo que leo? ¿Lo que veo? ¿Lo que oigo? ¿Lo que fumo? ¿Lo que follo? ¿También todo eso influye? ¿Quién soy yo y quién soy yo con respecto a lo que los demás coinciden en afirmar que soy yo? ¿Qué proporción es trabalenguas y qué proporción preguntas aviesas? No sé quién soy. No sé quién soy si no soy en relación a los demás. Eso no creo que sea nada extraordinario. Siento en mi interior la misma tensión que muchos otros han sentido antes que yo y que sentirán después: la individualidad y lo social. Tengo un nombre, tengo una genealogía, tengo una nacionalidad y un carné de la biblioteca, pero, ¿quién soy? Quizás todo esto sea como lo que le ocurría a Huckleberry Finn en el río. Quizás no haya respuestas para las preguntas. Quizás sea mejor permanecer sordo y por lo tanto mudo. Quizás importe una mierda. Quizás aún no sea el momento oportuno para preguntarme quién soy y por qué. Y menos hoy, joder, si todavía me repite el orujo.

Mi puta anécdota


- Estaba predestinado, papá, joder.
- Ni predestinado ni ostias, ¿qué predestinado? ¿Predestinado? ¿Pre qué? ¿De qué demonios hablas?
Y cierra la puerta de mi cuarto de golpe.
Mi cuarto. Joder, tenía que haber escrito esto en su día, no ahora. Ahora todo es nostalgia, todo es un esfuerzo valdío. Las energías que podrían emanar al escribir esta historia han perdido fuerza, como una lata de refresco abierta. Fffff, sin fuerza. Mi cuarto. Mi puto cuarto. Recuerdo tanto el aspecto físico, como el hedor anímico que aún debe impregnar las paredes. Mi puto cuarto.
Y se vuelve a abrir la puerta, pero con delicadeza.
- ¿Qué ha pasado, cariño?
Mi madre se asoma con recelo.
- Nada, mamá, joder, nada.
Gana determinación por inercia y se acerca hasta la cama pero yo hundo la cabeza en la almohada.
- ¿Ha sido por lo del sindicato?
Me callo. Ahogo el grito porque ya sabía que resultaría inútil. Ahora lo sé, pero antes también lo sabía. ¿Para qué iba a gritar? ¿Qué iba a gritar? ¿Que la vida era una mierda? ¿Que no era feliz? ¿Que estaba superado por las convenciones? ¿Que me sentía inútil, atrapado, maniatado? Nadie grita eso sin tener que dar luego explicaciones, con más palabras o con sus propios actos, y yo solo quería seguir tumbado con la cabeza hundida en la almohada. Nada más.
- Déjame, mamá, por favor, no pasa nada.

Había terminado la universidad y había decidido que no merecía la pena seguir estudiando. En realidad, quería, pero prefería doblegarme ante las circunstancias. No tenía sueños, no quería tenerlos, hasta eso había llegado a hastiarme. Así que me puse a trabajar. Y mi padre se emocionó. Consideró que aquello era el primer síntoma de madurez y puso toda su ilusión en participar de ello. No había podido participar de mi adolescencia, y, al parecer, estaba dispuesto a no perder la oportunidad durante el siguiente período de mi desarrollo. Así que aquella misma mañana, en el desayuno, con una sonrisa apenas esbozada pero una excitación casi obscena en la voz, me dijo:
- Tenemos que sindicalizarte. Si vas a trabajar, es bueno que tengas un sindicato. Tienes que estar protegido, nunca se sabe. El mío es mejor que no. Así que solo nos quedan otros dos. Podemos ir hoy a preguntar a ELA-STV, ya sabes quiénes son sus primos hermanos, y eso siempre es bueno.
No dije nada. Me levanté y dejé el tazón en el fregadero. Había dicho que sí. Y después vino todo lo que me llevó a hundir la cabeza en la almohada. Lo cuento, pero como digo, tendría que haberlo contado en su momento. Ahora, solo parece una anécdota ligeramente ingeniosa que no trasciende significado sustancial ninguno. Eso sí, a mí me duele como solo sigue doliendo el dolor cuando lo recuerdas, pero eso es cosa mía, y no sirve para nada.
Al salir a la calle, él tiró hacia la izquierda y yo miré hacia la derecha. Junto a las escaleras que subían a la plaza había una pintada, una pintada que llevaba años escrita en aquel rincón, una pintada que había visto cada mañana desde que subía por allí para coger el autobús de línea.
- Qué haces, vamos.
La puta pintada.
- Bueno, ¿entonces vamos a ELA-STV? ¿O prefieres CCOO? ¿Cómo lo ves?
- Yo ya sé a cuál me quiero afiliar, papá. Si es que me tengo que afiliar a alguno, claro.
- ¿Lo sabes?
- Sí.
- ¿Y cuál es ése?

Hemos llegado al cruce. El semáforo está en rojo. Con la barbilla le dirijo hasta el primer piso del edificio de la esquina. Levanta la mirada lentamente, como temiéndose lo peor:
- ¿La CNT?
- ¿Por qué no?

Luego vinieron los gritos, la media vuelta, el portazo y la almohada. Ah, y lo de estar predestinado. No es una buena frase ni la palabra adecuada, lo reconozco, pero yo sabía lo que quería decir, y él también. Vamos, hombre: me había oído hablar de Casas Viejas, ostias, los domingos andábamos en bici por el paseo de Dolores Ibarruri, ¡él mismo me había subido a las minas de La Arboleda! y la pintada, claro, la puta pintada. ¿No escuchaba lo que decían las letras de las canciones que oía? Papá, por dios, era una puta broma. Yo no quería afiliarme a la CNT, pero por supuesto que estaba más cerca del no botes a nadie porque nadie resolverá tus problemas o del contra nosotros los que quieran, con nosotros los que puedan, que de el carné de un sindicato nacional. La puta pintada, mi puto cuarto, la puta CNT. Debería haber escrito todo esto hace mucho tiempo. Debería habérselo dicho.
¿Y qué es lo más gracioso? Lo más gracioso es que ahora mi padre estaría orgulloso de mí. No tengo carné de ningún sindicato, estoy en el paro, y ya no recuerdo las letras de Eskorbuto pero estoy seguro de que estaría orgulloso de mí, y si es así, sería porque entendió que todo fue gracias a mi puto cuarto, a la puta pintada y a la puta CNT.

Beñat Arginzoniz


Alguien dijo que en la infancia vivimos y luego sobrevivimos. Y es que eso que se llama madurar, por lo general, apenas viene a significar otra cosa que el haberse dado por vencido, y, habiendo delegado en otros la propia lucha, dejar de ser. Una lucha que nada tiene que ver con el sexo o el poder, ni con ninguna de las formas que el dinero pueda adoptar a los ojos ciegos de la mayoría.
Agua para los muertos: Apuntes sobre Javi Subversión X

Wallace Stegner


No place, not even a wild place, is a place until it has had that human attention that at its highest reach we call poetry.
Where the Bluebird Sings to the Lemonade Springs: Living and Writing in the West

lunes, 25 de enero de 2010

El cumpleaños de Berti


Berti está borracho. Le doy con el codo a quien está a mi lado y lo repito: Berti está borracho, ¿no? Hay mucha gente en la habitación. Al principio estoy feliz, luego no. En realidad, luego es relativo, es progresivo. También fue relativo que estuviera feliz al principio. Quería estar feliz, quería beber, quería seguir siendo feliz, relativamente, progresivamente. Pero la sola idea de quererlo ya era señal de fracaso, ¿no? Le doy con el codo a quien está a mi lado y lo repito: soy un fracasado, tío. El desconocido que está a mi lado sonríe. Sonríe mucho. Sonríe cerca. Se acerca a mi oreja. Me la lame. Al principio me gusta, luego no. Me levanto de golpe y sin mirar atrás, esquivo a la gente, a la música, a las voces, a los desconocidos que intentan lamerme la oreja. He perdido a Berti. Me he perdido. Subo unas escaleras enmoquetadas y se va apagando la música. Hay un pasillo largo y estrecho, lleno de puertas, lleno de gente que lee esto y piensa que voy a escribir que solo faltaban dos gemelas en bicicleta. Pero no, abro la primera puerta y es un cuarto de baño inmaculado, marmol de vetas rosáceas, grifos de ribetes dorados y una bañera sin agua donde me tumbo y soy feliz, al principio y luego también. La música, la gente, los lametones de desconocidos son un murmullo sordo que parece estar a kilómetros. Me siento cómodo. En paz. Me incorporo y abro el grifo. Al principio tengo frío, luego no. Luego me siento aún más cómodo, en paz. El murmullo sordo se ensordece aún más, solo oigo el grifo, me concentro en el agua, cierro los ojos y me dejo llevar. Una gran fiesta, ¿dónde estará Berti?

viernes, 22 de enero de 2010

No Mormon Came to My Party (excerpt)


We did have that conversation which was composed of those words that are still resounding here and I’m sure you can hear them if you pay a little bit of attention. That’s next step in this story, and we are going right to that point in this very moment. Verbatim:
- I love you.
We still loved that corner of the park.
- I love you too.
Not even looking at me. She was pretending to be interested in the thickness of the grass beneath her feet.
- Not the way I love you.
I saw her chest billowing.
- What way is that?
She undid a knot in the laces of her jacket, she kept balancing her shoes over the edge of the sweet, thin, green grass she was counting one by one.
- The way you fear and that’s why you’re gonna leave.
She turned and looked right to my eyes. They were both wet, slightly wet, slightly strong enough to handle my own gaze. I stared at her. I stared with a mixed expectation. I was hating and I was loving in just one desperate stare.
- I’m not leaving. I’m just coming back home.
Anger beat sympathy. I turned back to watch the people wandering through the filthy tracks of the park. I did not even recognize my voice:
- I had a different concept of what home means. I guess mine is much more brave and honest.
She jumped. She stepped back. She was looking at me while I was looking at them. She said:
- I guess this is a goodbye. Not the one I expected. I just wanted to tell you that these days have been wonderful days and that I really love you even though you consider it to be the wrong way. Have fun and be lucky. See you.
Now comes the part in which I feel I’m Humphrey Bogart so I’ll say that she did not even turn round and listened to what I said chocking a gesture of pain and sadness. Though, you know, I was not even looking at her.
- Wait. I’ll give a party tomorrow night. All those friends you met these last and wonderful days. I will be waiting for you. And I will be waiting for you any way.

Lo que tiene que hacer Bird


Mira, Bird, no me creo lo que me dices. Pero... No me lo creo, joder. Así que ya puedes ir y decirle a McHale que o lo hacéis o soy yo el que os pegará un tiro en la cabeza, ¿me has entendido? Sí. Lo siento, nena, este trabajo es duro. Por dónde íbamos... ¡Bird! Sí, señor. Por cierto, no quiero volver a ver a ese viejo de Parish por aquí, ¿de acuerdo?, ya sabes lo que tienes que hacer. Pero... ¡Pero! Perdona, nena, luego sigues, mira, Bird, me tienes hasta los huevos, si no eres capaz de hacerlo tú tendré que llamar a Danny y a Dennis, y ¿sabes que significa eso? ¿Lo sabes? Sí, señor. Estoy hasta los cojones de tus putos escrúpulos, ¿me entiendes? A ver si entiendes de una puta vez que en esta vida solo se puede ser lo que eres y tú eres Bird, ¿me entiendes?, eres el puto imbécil de Bird, así que déjate de leer libros y de pensar en el bien y el mal y had lo que tiene que hacer Bird, ¿de acuerdo? Sí, señor. Pues, ahora, sin mirar atrás, ala, lárgate, ven nena, vamos a ver si somos capaces de terminar, joder. Si te cae algo de ceniza en la espalda no te preocupes, ¿vale?